NUESTROS HÉROES, LOS DEFRAUDADORES

¿Por qué los ídolos de la clase obrera son de los mayores defraudadores de impuestos del mundo? ¿Por qué nos enfurecemos cuando los políticos roban al Estado y no cuando lo hacen los deportistas o los cantantes y otros artistas?

Cuando el poeta satírico latino Decimo Junio JUVENAL arguyó que solo el pan y el circo eran capaces de sosegar el carácter revolucionario de la plebe, no se estaba refiriendo únicamente al proletariado romano, sino que de forma increíblemente juiciosa estaba extendiendo este criterio a todos los pueblos y a todas las épocas.

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Juvenal

Y es que siendo como es la Historia una lucha de clases, la ideología siempre ha sido la fusta de las elites para mantener a la plebe a raya. Los magistrados de la urbs capitolina lo sabían, y por ello siempre mantuvieron sus patrimonios a salvo de agitación popular. De hecho, las veces que el proletariado de Roma se agitó no fueron por iniciativa propia, sino que el fuego era provocado por miembros del propio senado para combatir contra sus facciones rivales.

La plebe ignorante es un arma muy valiosa, y también posee un doble filo, y eso los aristócratas romanos lo manejaban a la perfección. Pero cuando todo iba bien, y los grupos senatoriales dejaban correr las viejas rencillas, lejos de las guerras civiles, el pueblo era una balsa de aceite. La fórmula de Juvenal era, en este sentido, infalible. “Pan”, o lo que es lo mismo, abastecimiento gratuito de grano para la plebe urbana; y “circo”, esto es, entretenimiento constante a base de espectáculos teatrales, combates de gladiadores, carreras de cuadrigas o desfiles triunfales.

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Los clanes aristocráticos con nombres tan ilustres como los Julios, los Claudios, los Antonios o los Brutos, habían aprendido la lección de las luchas entre patricios y plebeyos de tiempos remotos, en las que los primeros tuvieron que ceder prerrogativas a los segundos. Eso ya no les volvería a pasar. Ninguna casta inferior se colgaría otra vez de sus barbas. El pan y circo fue su poción mágica infalible.

Y desde entonces esta vara de las elites fue más o menos esgrimida en las distintas épocas. Algunos prefirieron la mano de hierro, sin haber aprendido el ejemplo de los magistrados romanos, y terminaron cayendo azotados por implacables revoluciones populares, como sucedió a los Borbones en Francia o a los Romanov en Rusia. Otros aprendieron la lección, y sin duda hoy en día la receta de los políticos romanos se cocina en la mayor parte de los países del mundo.

Así, si hay crisis económica entre otras cosas por el auge del latrocinio entre la clase política, el problema pierde calado cuando un equipo nacional gana la Champions League o la Selección se convierte en campeona del mundo o de Europa. Qué luego los jugadores nacionales tributen las primas de la Federación en paraísos fiscales se convierte en un incidente sin importancia cuando algún portero gracioso canta de forma chistosa entre los vítores de la plebe. Porque eso es lo que quiere la gente. El pueblo no fue educado para exigir responsabilidad a sus representantes públicos, sino entretenimiento, y eso es lo que recibe.

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Los ciudadanos se agolpan para conseguir un guiño de sus ídolos

Los verdaderos combates del proletariado, muy a mi pesar, no se libran en el Congreso de los Diputados, sino en los estadios de fútbol o en los programas de televisión. Es ahí donde los airados trabajadores descargan su frustración contra el árbitro o el Risto Mejide de turno que ejerce su papel de tirano bufo para filtrar el descontento social.

Mientras tanto, en el Parlamento el PPSOE legislan en lo económico a favor de las elites, de sus verdaderos jefes. El PP lo hace también en lo social. Y es que saben que mientras Nadal siga ganando torneos, los Gasol sigan reinando en la NBA, y el Real Madrid triunfe en Europa, poco les importará a los ciudadanos con cara de televisión que sus casos de corrupción se reproduzcan como las setas en el otoño.

De este modo podemos explicar que millonarios defraudadores como Messi sean vitoreados a la entrada de los tribunales de justicia, mientras que otros como Piqué, que de momento no han aparecido en la lista de evasores fiscales, sean silbados por motivos puramente ideológicos.

Lo peor de todo es que el pueblo que arde en intrincados debates sobre la corrupción política, apenas se manifiesta por ella, y sigue jaleando a sus ídolos, los defraudores, que como Cristiano Ronaldo, han sido capaces de eludir cantidades cercanas a los cien millones de euros al fisco. Y son esos mismos individuos que ven como cada día sus centros de salud están más colapsados y poseen peores infraestructuras; esos que atienden al declive de la educación pública, los que se desviven para obtener una foto del mangante, quien habitualmente no dispondrá de un  segundo para ellos.

Evidentemente, para que los jóvenes y los no tan jóvenes comprendan esta incongruencia, hace falta informarlos y educarlos, y para truncar este objetivo las elites se valen de los medios de comunicación del régimen, que manipulan y adoctrinan en lugar de informar. Así lograrán que Cristiano sea el Apolo de los madridistas y no alguien que ha sido acusado de evadir 14,7 millones de euros; que Messi sea el mesías de los culés y no un criminal condenado a 21 meses de cárcel; y que Rafa Nadal sea el deportista que mejor representa los valores de España y no un tipo que en 2012 fue acusado por la Diputación de Guipúzcoa por crear un entramado empresarial para ahorrarse tributos.

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Algunos de los deportistas acusados de fraude fiscal

Es lo que tiene ser contribuyente en nuestros tiempos: que no solo somos cornudos, sino también apaleados. Y para más inri, aplaudimos a los que nos azotan. Nuestros ídolos, los de niños y adultos que se pasean con camisetas y cándidas sonrisas, son criminales, y sus infracciones provocan que todo lo que depende de la recaudación fiscal (educación, sanidad, cultura, infraestructuras) sea de bastante peor calidad. Pero esto no interesa airearlo, no sea que el circo termine. No sea que el obrero, el que normalmente tributa con la espada de Damocles sobre su cabeza, se dé cuenta de la enorme comedia de la que es protagonista.

Por eso siempre veremos a los representantes del populismo en el fútbol. Valga como ejemplo el Palco del Bernabeu. O acompañando a los deportistas en los Juegos Olímpicos y en las finales deportivas. “The show must go on”, y no puede parar, porque el día que no haya deportes, cantantes pop o televisión basura, corren el riesgo nuestros magistrados de que la plebe despierte de su atontamiento y los envié todos al paredón.

Cristiano, Messi, Maradona, Casillas, Eto’o, Becker, Figo, Maascherano, Arancha, Rossi, Neymar… Apenas hay quien se salva. Por no decir que no se salva ninguno. Pero no pasa nada. Cuando los veáis por la calle, si es que se dejan ver tras el cristal tintado de sus lamborghini, les pediréis como bobos una fotografía o un autógrafo y querréis darles la mano, como si os hallaseis en plena audiencia papal, porque por aquel entonces los medios del régimen ya os habrán lavado el cerebro, y no los consideraréis instrumentos del y para el poder, sino vuestros héroes

 

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