LOS BORGIA

¿Sabías que los Borgia utilizaban el catalán en familia para dificultar el espionaje por parte de las familias rivales? ¿Sabías que se dice que César Borgia estaba perdidamente enamorado de su hermana Lucrecia? ¿Y que dieron dos Papas a la Iglesia Católica

La historia ha labrado sobre los Borgia una leyenda negra que, no siendo injusta, es quizás exagerada respecto a las habituales conspiraciones políticas que encontramos en sus tiempos. 

Pero sí, los Borgia fueron crueles, ambiciosos, viperinos y maquiavélicos, de tal manera que el autor al que hace referencia el último epíteto (Nicolás de Maquiavelo) se inspiró en uno de ellos (César) para redactar su famoso tratado político El Príncipe.

Los Borgia conspiraron, siempre insertos en complejas intrigas y disputas cortesanas, pero también fueron grandes mecenas, y artistas de la talla de Miguel Ángel, Pinturicchio, Tiziano, El Bosco y Leonardo Da Vinci se beneficiaron de su presencia en la curia vaticana. Los Borgia bien pudieron haber inspirado la famosa serie Juego de Tronos

escudo de los borgia
Escudo de armas de los Borja

Como ya debéis saber, el origen de esta familia no es italiano. Los Borja hablaban en catalán entre ellos, como puede apreciarse en su correspondencia. Y es que Borgia es una italianización de Borja, linaje procedente del Reino de Aragón. Nobles de rancio abolengo, desde bien pronto se codearon con las más altas esferas: con Pedro el Ceremonioso, rey de Aragón, y con Alfonso el Magnánimo, trasladándose en determinado momento al territorio más próspero de la Corona de Aragón durante el siglo XV, que no era otro que el Reino de Valencia. Allí, en Játiva y también en Gandía, comenzaron a gestar su grandeza.

¿Pero quiénes fueron y qué hicieron los miembros de este ilustre linaje para que la historia los recuerde?

RODRIGO DE BORGIA

rodrigo de borgia serie
Alejandro VI en la serie Los Borgia

El que se ceñiría el anillo de San Pedro bajo el apelativo de Alejandro VI, nació con el nombre de Roderic de Borja. Vástago de Jofré Gil de Borja i Escriva y de Isabel de Borja i Llançol, fue quien logró encumbrar a esta familia a lo más alto del poder político en el Renacimiento e inscribirla en una de las leyendas negras más rememoradas de la historia.

Aunque no fue el primer Papa Borgia, al contrario de lo que muchos creen. Éste había sido, de hecho, Calixto III (Pontífice entre 1455- 1458), cuyo breve mandato frustrado por su inesperada defunción no le permitió brillar en la corte romana. 

Calixto III fue quien atrajo a Rodrigo a Italia y a Roma, donde estudió teología y pronto asumió importantes responsabilidades gracias a su tío, el Papa. En breve tiempo logró ser nombrado cardenal diácono y a partir de entonces fue forjando las alianzas que más adelante le resultarían indispensables para asumir y preservar el poder. Todo ello, a pesar de que el pontificado de Calixto se extendió tan solo 3 años. Por aquel entonces, en 1458, Rodrigo de Broja ya era arzobispo de Valencia siendo todavía muy joven.

Desde ese instante y hasta 1492 se sucedieron hasta cuatro Papas en Roma: Pío II, Paulo II y Sixto IV. En aquel año, el del descubrimiento de América, el de la conquista de Granada, Rodrigo ya contaba con los suficientes apoyos como para calzarse las “sandalias del pescador”. Entre sus numerosos aliados, los Reyes Católicos, que con la entronización de un español en la Santa Sede aspiraban a encumbrar sus reinos en el marco de las relaciones internacionales. El Papa ordenó a Donato Bramante dedicar a los monarcas hispánicos un templete, el de San Pietro In Montorio, en el lugar donde supuestamente el apóstol Pedro había recibido el martirio. 

Un 11 de agosto de 1492 la fumata blanca anunció la llegada de un nuevo Papa. Era Rodrigo de Borja, que fue proclamado con el nombre de Alejandro VI entre acusaciones de sobornos y simonía, es decir, compra de cargos y corrupción eclesiástica. Hay quien dice que su elección disgustó al pueblo romano, pues no era un Papa italiano, algo que no gustaba en Roma. Y además su vida inmoral y licenciosa estaba en todas las habladurías. Sus amantes eran conocidas por las gentes, y sabían que con la más famosa, Vanozza Cattanei, había engendrado nada menos que 4 hijos de los 8 que se le conocen. 

A Alejandro VI no le importaban los chismes. Solo el poder, y él lo había tocado. Había alcanzado la cumbre en el seno de la Iglesia, y los reyes se arrodillaban ante él como fieles de Dios. 

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Alejandro VI. Retrato de Cristofano Dell’Altissimo

Para agradecer su apoyo diplomático a los Reyes de Aragón y Castilla les dio la denominación de Católicos, una vez qué éstos expulsaron a los musulmanes de Granada (1492) finalizando la Reconquista de Iberia. También favoreció a la Monarquía Hispánica con las Bulas Alejandrinas, que fallaban a favor de Castilla en la conquista de América frente a los intereses de Portugal

Y en la cumbre de la Curia Vaticana continuó conspirando para beneficiar a los suyos, al tiempo que escandalizaba al mundo cristiano con su vida licenciosa. Después de Vannozza vino Julia Farnesio, y entre ambas otras muchas. Y sus vástagos, entre ellos, los célebres César, Lucrecia, Juan y Jofré, se beneficiaron del nepotismo de Alejandro VI, que quiso hacer especialmente de César el nuevo soberano del mundo renacentista. 

El Papa Borgia siempre utilizó las más viles arterías cuando lo necesitó. Así pues, poco después de su nombramiento, no dudó en asesinar vilmente al príncipe Diem de Constantinopla, a quien había acogido en virtud de invitado. Se ha escrito que este crimen aportó a sus arcas la nada desdeñable suma de 400.000 ducados de oro. Parece ser que el propio sultán otomano, receloso de la sombra de su hermano, había pactado con Alejandro VI los términos del magnicidio. 

El Pontífice también supo navegar en la política de los reyes europeos, que ambicionaban los territorios italianos como la joya de la corona. Durante la Primera Guerra de Nápoles, cuando la ciudad de Roma fue sitiada por las tropas francesas de Carlos VIII, Alejandro VI, que en un principio se había refugiado en el Castillo de San Ángel, no tuvo inconveniente en emerger y solicitar al rey francés su amistad y clemencia, prometiéndole colaboración eterna. Carlos VIII accedió. Pero pronto se arrepentiría, pues nada más abandonar las puertas de Roma, Alejandro VI ya estaba fraguando una alianza internacional contra Francia. Era el año 1495.

Así, mientras Carlos VIII combatía en la Guerra de Nápoles, Alejandro VI consiguió una poderosa alianza internacional contra Francia, que incluía al Sacro Imperio Romano Germánico del emperador Maximiliano I, las Coronas de Aragón y de Castilla, y algunos estados italianos.

En la República de Florencia, el predicador dominico Girolamo Savonarola defendió la ocupación francesa y criticó al Santo Pontífice que se permitía llevar una vida tan disoluta y poco ejemplar. Alejandro VI lo excomulgó, torturó y quemó vivo en la hoguera. 

Los Borgia atesoraron una enorme riqueza mientras Alejandro VI fue Papa. Rodrigo proporcionó a sus vástagos matrimonios ventajosos, y nunca flaqueó en el ámbito diplomático, de manera que cuando estalló la Segunda Guerra de Nápoles, en la que no había un candidato netamente superior, evitó decantarse hacia uno u otro contendiente y así preservó su cetro papal. 

Nada ni nadie podía detener su ambición, hasta que en 1503 le asaltó por fin la desgracia. Después de un banquete campestre con miembros de la aristocracia, todos sus participantes cayeron gravemente enfermos, incluidos Alejandro VI y su hijo César. Poco tiempo después, el Santo Pontífice fallecía víctima de aquella dolencia. 

Mucho se ha especulado sobre su muerte. Puede que nunca sepamos su verdadera causa. Unos piensan que murió de malaria, enfermedad muy común en aquellas fechas. Otros, los más, creen aquello que algunos escribieron. Que César había preparado un veneno para asesinar a algunos de los participantes del ágape, y que se le fue la mano, pues él también enfermó, y solo su juventud le permitió sobrevivir. Quién sabe…

CÉSAR BORGIA

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César Borgia en la serie Los Borgia

Criado como Nerón o Calígula en las intrigas políticas de su tiempo, César llegó a ser tal vez más retorcido y ambicioso que su propio padre. 

Fue el segundo hijo de Rodrigo de Borgia y la aristócrata Vannozza Cattanei, y desde muy joven acarició el poder impulsado por las maquinaciones de su padre. En vida llegó a ostentar los títulos de duque, príncipe, conde, obispo y cardenal, y únicamente la faltó un reino para llegar a tocar la gloria personal.

Recibió una educación exquisita, y en la Universidad de Perugia coincidió con Juan de Médicis, el futuro Papa León X. Siendo un mozalbete, le fueron concedidas altas dignidades religiosas, pues Rodrigo aspiraba a que su vástago llegase a comandar la Santa Sede, como él, pero César nunca mostró demasiado interés por el sacerdocio. De hecho, aunque fue arzobispo de Valencia (1492- 95) siendo un adolescente, y cardenal con solo 20 años, en 1498 decidió renunciar a su carrera eclesiástica con el objetivo de medrar en el mundo de la política.

Su vida era tan escandalosa y licenciosa como la de su padre. Valga como ejemplo que no quiso trasladarse al Reino de Valencia durante su arzobispado, permaneciendo en Roma, donde podía continuar intrigando bajo la protección de Alejandro VI

Un año antes de renunciar al sacerdocio, el cadáver de su hermano mayor Juan fue hallado sin vida en la ribera del Tíber. Nunca se demostró, pero ya entonces muchos vieron detrás del asesinato de Giovanni (Juan) la sombra de un César celoso y envidioso cuyo lema iba a trascender el paso de las generaciones: “Aut Ceasar, aut nihil” (“O César, o nada”)

Dicen que César odiaba a su hermano Juan porque Lucrecia estaba enamorada de él, y porque Juan era también muy hermoso, y poseía un gran potencial para la política. 

Resignado con la decisión de su vástago de cesar en la carrera por el cetro papal, Alejandro VI le proporcionó un matrimonio interesante de cara a extender la influencia política de los Borgia. Pactó con Luis XII de Francia los esponsales de César con Carlota de Albret, hija del rey de Navarra, Juan III de Albret, que estaba bajo la protección del monarca galo.

Gracias a ello César obtuvo un enorme reconocimiento entre los miembros de la aristocracia europea e inmediatamente pasó a acompañar en un lugar privilegiado las campañas de Luis XII en el norte de italia. Así, en 1499 comandaba el ejército del Papa y protegía al rey de Francia al frente de cien lanzas.

Desde entonces sus conquistas en el norte de Italia fueron aplastantes. Hay que decir que César contaba con el ingenio de Leonardo Da Vinci, el genio florentino, que diseñaba para él máquinas militares. Entre 1499 y 1504 se convirtió en señor de la Romaña, y todo ese territorio pasó a estar bajo su control y evidentemente, el de la familia Borgia. En 1503 entró triunfalmente en Roma como si de un emperador romano se tratase, para celebrar los éxitos de los Borgia en la Santa Sede. 

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Retrato de César. Altobello Melone

Probablemente aquella fue la última vez que rozó el cielo con las yemas de los dedos. 

El 6 de agosto fue la fecha del fatídico convite celebrado en la casa de campo del cardenal Adriano Corneto. Los comensales enfermaron, y su padre y protector, Alejandro VI, falleció 10 días después a causa de las fiebres. Murió entre terribles dolores y convulsiones. La vida volvió a demostrar que no hay poder terrenal que pueda salvar la muerte.

Y la desgracia cayó también sobre César y la familia Borgia, una vez quebrado el pilar que soportaba el peso de la política. 

En octubre de ese mismo año obtenía el pontificado un ferviente enemigo de los Borgia, el cardenal Giuliano della Rovere, que se otorgaría para la posteridad el título de Julio II. El conocido como “Papa Guerrero”, inmediatamente maquinó para desembarazarse de todo lo que oliera a Borgia en la Santa Sede. Así, desposeyó a César del territorio de la Romaña y lo mandó aprehender en el Castillo de San Ángel, la fortaleza que Alejandro VI hiciese erigir para la protección de los Papas sobre las ruinas del Mausoleo de Adriano. 

César Borgia recibió un trato exquisito por parte de Julio II, que lejos de mezclarle en las mazmorras vaticanas con los presos comunes, lo retuvo en la corte vaticana. Sin embargo, y buscando el apoyo de los Reyes Católicos, a los que tanto había favorecido su padre, César logró salir del Vaticano con un salvoconducto sellado por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que por aquél entonces ostentaba el virreinato en Nápoles

Julio II protestó amargamente a los monarcas hispánicos, quienes interesados en mantener las buenas relaciones con el Papado, pactaron su reclusión en tierras españolas. El rey Fernando decidió encarcelarlo en el castillo de la Mota, donde permaneció hasta 1506. 

Pero César era como un gato, tenía siete vidas. Gracias a la ayuda de un criado logró escapar de su celda descendiendo las murallas con una cuerda. Al ser descubierto, un guardia seccionó el cabo y el aristócrata cayó desde una altura de varios metros. Aun así, fue capaz de subir a un caballo y recorrer malherido el trecho peninsular hasta el Reino de Navarra, donde fue apadrinado por su cuñado Juan III de Albret. Éste utilizó a César como militar, ya que gozaba de experiencia y fama, pero el destino ya no deparaba mejores tiempos para el joven príncipe. 

Tan solo un año después, durante el asedio de Viana, el conde de Lerín le tendió una emboscada. Allí estaban tres de sus hombres: Garcés de Ágreda, Pedro de Alló, y un tercer encapuchado anónimo, que fue quien arrojó a César desde un precipicio, acabando con su vida a los 32 años de edad. 

Después, los malhechores despojaron su cuerpo de toda pertenencia, y desnudo y magullado, el cuerpo del que antaño fuera señor de buena parte de Italia, permaneció deshonrado hasta que su paje, Juanicot, reconociéndolo rompió en llantos como un niño. 

LUCRECIA BORGIA

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Lucrecia Borgia. Serie Los Borgia

Los acontecimientos de su vida son tan novelescos que muchas veces la historia se confunde en los tintes de la ficción. Sus contemporáneos dijeron que era muy hermosa, una niña de aspecto angelical que desde muy pequeña se convertiría en un instrumento mortífero y despiadado en las manos de su padre, el Papa Alejandro VI

Dicen que poseía un anillo hueco en el que introducía polvos venenosos de arsénico, y durante su vida fue víctima de la rumorología que la acusaba de relaciones incestuosas con su hermano César, e incluso con el propio Rodrigo de Borgia. 

Alejandro VI la intercambió por prebendas políticas hasta en tres ocasiones. Con solo 13 años, la niña fue entregada a Giovanni Sforza, importante miembro de esta familia milanesa, a la que el Pontífice necesitaba en su complejo entramado de alianzas políticas. 

Pero muy pronto el Santo Pontífice dejó de necesitar la amistad de Giovanni. Se lo quería quitar de encima para recuperar la joya que era Lucrecia y conseguir así una alianza mejor. Acudió al propio tío de Giovanni, el cardenal Ascanio Sforza, para que forzara a su sobrino a firmar el divorcio. Éste se negó, y ultrajado, llegó a denunciar públicamente a Lucrecia de incesto. Aseveraba que su esposa había mantenido relaciones sexuales con César y Alejandro VI estando casada. El Papa enfureció, pero con la sangre fría de reptil que corría por sus venas comenzó a conspirar. Y encontró por fin una forma de quitarse de encima a Giovanni Sforza. Así que con el pretexto de que el matrimonio no había sido consumado, forzó al aristócrata a sellar el divorcio afirmando públicamente su impotencia. Fue un duro golpe para Sforza, que desde entonces guardó odio eterno a los Borgia

Mientras las negociaciones del divorcio tenían lugar, Lucrecia Borgia se encontraba confinada en un monasterio. Allí recibía las epístolas en catalán de su padre a través de un emisario llamado Perotto. Y se dice que allí quedó encinta, dando a luz a los 17 años a un niño que fue bautizado con el nombre de Giovanni

lucrecia borgia bartolomeo venetto
Supuesto retrato de Lucrecia Borgia. Bartolomeo Veneto

Las malas lenguas aseguran que el verdadero padre del niño era su hermano César, de quien se dice que estaba prendado de Lucrecia, o que incluso el padre pudo ser en realidad el propio Alejandro VI. Aquí la historia es confusa. Por una parte, el despechado Sforza soflamaba contra los Borgia, por otra, en un primer documento Alejandro VI señaló que el niño era vástago de César y de la esposa de éste, y en una segunda epístola afirmó que era suyo. Asimismo, el mensajero Perotto también arguyó que él era el padre. 

Así que es difícil saber quién era el verdadero padre. César, tal vez. El niño quedó bajo la protección de la familia, y siempre contó con la predilección de su madre, la bella Lucrecia

Entretanto Alejandro VI ya había dispuesto otro enlace favorable para su niña. Ahí estaba Alfonso de Aragón, hijo del rey de Nápoles, principe de Salerno. Se casaron en 1498 y tuvieron un vástago llamado Rodrigo, que expiraría a la tierna edad de 13 años.

Sin embargo, Papa Borgia aborreció el enlace nuevamente, y en 1500 mandó asesinar a Alfonso. Lo hizo a través de su hijo César, de quien se dice que se hallaba corroído por los celos. Cuentan que él amaba a Lucrecia. César había sido muy hermoso, pero ahora, corroído por la sífilis, mostraba un rostro deslucido por las cicatrices, cosa que le obligó a vestir de negro y llevar máscaras. Estaba muy acomplejado, y cuando su padre le ordenó acabar con la vida de Alfonso, César obedeció de buen grado. 

Enviudada, Lucrecia transcurrió un tiempo como administradora de la Santa Sede, algo que incomodó a la curia, de manera que Alejandro VI decidió desposarla por tercera vez. El nuevo pretendiente era Alfonso D’Este, duque de Ferrara, una localidad estratégica en el norte de Italia. 

La nueva duquesa de Ferrara gozó de cierta estabilidad en estos tiempos, a pesar de que su querido hijo Rodrigo (hijo de Alfonso de Aragón) falleció lejos de ella, pues el duque de Ferrara no lo quería en su feudo. La tristeza fue tanta que se recluyó voluntariamente en un convento durante un tiempo. Luego, el diamante en bruto de Rodrigo de Borgia dio hasta 6 retoños al duque de Ferrara. Allí encontró el fervor y la admiración de las gentes, que la conocían como “la madre del pueblo”. Falleció de una infección septicémica después de dar a luz a su octavo y último hijo. Contaba 39 años. 

Con Lucrecia se difuminó en 1519 la atmósfera más romántica y a la vez más mezquina y novelesca de esta familia aragonesa. Ya sabéis que hubo otros Borgia, como Juan, que fue duque de Gandía, o Jofré (Godofredo), que recibió el título de príncipe de Esquilache, pero ninguno de ellos fue capaz de superar la “leyenda negra” que escribieron para la posteridad Rodrigo, César y Lucrecia

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