MADRES Y PADRES “BARBARIZADOS”

¿Sabías que las discusiones entre padres se han convertido en conducta habitual en los partidos de fútbol base? ¿Sabías que muchos progenitores ya no acuden al colegio a hablar con los profesores, sino a “defender” a capa y espada a sus hij@s? ¿Sabías que la postura sobreprotectora de madres y padres no hace otra cosa que perjudicar a los chic@s y despojarles de herramientas de autodefensa para el futuro? ¿Y que la personalidad de l@s muchach@s se forja a partir de lo que asimilan de las acciones que presencian en los adultos que les sirven de referencia?

Soy Gabriel Rosselló y tengo un hijo de 6 años. Este año ha empezado a entrenar con un equipo de fútbol y posiblemente el año que viene comenzará a jugar partidos, y debo decir, a tenor de lo que ven mis ojos, que estoy ciertamente “aterrado”. Me sobrecoge el comportamiento fanático que observo habitualmente en las canchas en las que se disputan deportes de equipo de categorías inferiores, especialmente en el caso del balompié.

“Me sobrecoge el comportamiento fanático que observo habitualmente en las canchas”

Hoy, sin ir más lejos, el pequeño y yo estábamos jugando en el polideportivo al mismo tiempo que se disputaba un encuentro de la categoría infantil, y os puedo decir sin ningún tipo de exageración que me he ido “con los pelos de punta” y sintiendo vergüenza ajena al observar a unos padres y madres que discutían entre sí y con los entrenadores e insultaban al árbitro. A destacar: el comportamiento de una mamá que se agarraba a la camiseta del entrenador del equipo rival, una camarilla de papás que gritaban al colegiado acusándole de haberse vendido, y que la violencia emanada desde la tribuna había sido asimilada por los futbolistas que acudían sobrerevolucionados a todos los balones divididos generando acciones violentas.

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Escena demasiado habitual

Esta actitud es la que seguramente ha inducido que los chavales, que posiblemente sin público habrían disputado un partido fraternal, se discutiesen entre sí y que al final del partido los equipos ni siquiera se dieran la mano. Para más inri, cuando ya me iba para evitar la dilatación de tan bochornoso espectáculo en los ojos de mi pequeño, me he fijado en que el colegiado estaba haciendo tiempo en la puerta del vestuario para no tener que salir entre las increpaciones de algunos progenitores que esperaban como carroñeros. A todo esto, los jugadores de ambos equipos no debían tener más de 9 o 10 años.

Así que después de inquirirles en la puerta del polideportivo si no les daba vergüenza discutir por un encuentro de chiquillos, he abandonado el recinto preguntándome cómo seré capaz de aguantar este tipo de espectáculos cuando tenga que contemplar como padre (que desea transmitir los supuestos valores positivos del deporte a su hijo) estas barbaridades a partir de la temporada próxima.

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Es vergonzoso que los niños tengan que pedir a sus padres que se comporten

La verdad es que a casi todos se les caía la cara de vergüenza cuando los he caricaturizado, explicándoles cómo les veía desde mi perspectiva imparcial y ajena, pero una madre en concreto se defendía y seguía erre que erre señalando que su hijo había sido víctima de una injusticia arbitral y que no lo toleraba. Le he espetado que en nuestra sociedad y en nuestro mundo hay injusticias mayores por las que nadie discute ni se agrede en los campos de fútbol, como el trato que damos a los refugiados de guerra, como los datos de la desigualdad, como las muertes por causas derivadas de la inanición, como la prostitución infantil, como los desahucios de gente mayor y sin recursos, y evidentemente ha desistido de su discurso. Todo eso, descontando que ninguna mente en su sano juicio puede pensar que un colegiado de un partido infantil pueda tratar de favorecer a un equipo y no al otro. Es simplemente absurdo.

“en nuestra sociedad y en nuestro mundo hay injusticias mayores por las que nadie discute ni se agrede en los campos de fútbol”

Y es que tal vez esta mamá ya ha olvidado que nuestros progenitores no eran nuestros “hooligans”, que apenas venían a vernos a los partidos, porque para ellos era suficiente que practicásemos deporte, y que nuestros abuelos probablemente ni siquiera disputaban competiciones regladas y arbitradas. 

“nuestros progenitores no eran nuestros “hooligans”

Los tiempos han cambiado mucho, para bien en algunos sentidos, pero en otros nos hemos salvajizado o barbarizado. Soy profesor, y a diario me enfrento a la actitud de madres y padres que en lugar de escuchar a los profesionales que han estudiado y tienen experiencia se enrocan en los absurdos argumentos de sus hij@s, que son los que nosotros mismos hemos esgrimido disparatadamente cuando éramos imberbes: “que tal profesor me tiene manía”, “que yo no he sido”, “que siempre me culpan a mí”, y el largo etcétera que todos podemos recitar del tirón. Y me pregunto: ¿dónde ha ido a parar el sentido común? ¿Creen de verdad que les hacen algún bien a sus niñ@s poniendo en duda a sus profesores y desautorizándoles? ¿Irán también a increpar a sus jefes cuando empiecen a trabajar? Y aún peor: si nuestra generación, como padres y madres, resolvemos los problemas de nuestros hij@s actuando de forma violenta y sobreprotectora, ¿¿¿!!!qué harán ell@s cuando sean padres y madres!!!???

“nos hemos salvajizado o barbarizado (…) madres y padres que en lugar de escuchar a los profesionales que han estudiado y tienen experiencia se enrocan en los absurdos argumentos de sus hij@s”

Se trata de una cuestión que no es para nada trivial, y vuelvo a la cuestión inicial. Mi hijo empieza a jugar partidos el año que viene, y no me da la gana que absorba toda la violencia que se genera en los partidos de fútbol base. ¿Qué hago? Me temo que la única solución sería reeducar a toda una generación de progenitores forofos y esperpénticos, que es curiosamente la primera que creció sin castigos físicos y sin las reprimendas que recibían nuestros abuelos. Entonces, ¿por qué nos comportamos como auténticos bárbaros?

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En el campo de la educación, por ejemplo, se ha tenido que llegar al punto de ensalzar legalmente al profesor o al maestro como autoridades públicas para amedrentar la voluntad de aquéllos que acuden al colegio con ansias de agredir física o verbalmente a quien trata de hacer de sus hij@s mejores personas. No creo que eso sea suficiente, porque a diario observo conductas de padres y madres que no llegando a los límites de la violencia física son también perjudiciales para sus hij@s y para la labor docente. Pero aun así, es un comienzo.

PADRES

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Estas viñetas del terreno educativo, son extrapolables al mundo del deporte 

Pero en el mundo del deporte de equipo parece que esos límites no están llegando, y que incluso se dilatan. Casi todo vale. Hace poco, por ejemplo, salía a la luz un vídeo en el que dos padres se corrían a tortazos en un partido de chiquillos, descuidando el evidente trauma que estaban engendrando en todos los menores que se encontraban allí presentes, fundamentalmente en sus propios hijos. Este es un extremo, pero hay algunos actos que son constantes y que ya hemos normalizado cuando no debería ser así, y los conozco de buena tinta porque tengo un hijo mayor que ha jugado toda la vida al baloncesto, donde las actitudes son quizás un poquitín más comedidas, pero no demasiado.

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Muchas veces los niños sienten vergüenza

“Pero en el mundo del deporte de equipo parece que esos límites no están llegando, y que incluso se dilatan. Casi todo vale.”

¿Cuáles son esos actos?

  1. Insultos a los árbitros, muchos de los cuales son de carácter racista, homófobo y machista, cuando buena parte de los colegiados son incluso menores de edad.
  2. Peleas y discusiones entre los progenitores.
  3. Padres y madres elevando la voz para ver quién anima más fuerte, como si se encontrasen en un partido de Champions League.
  4. Padres y madres chillando y trompeteando con el objetivo de distraer a un chaval que va a lanzar un tiro libre, una falta o un penalti. 
  5. Entrenadores discutiendo entre sí o insultando a los árbitros, o incluso dando instrucciones a los deportistas para que lleven a cabo acciones violentas.
  6. Equipos que no se dan la mano al final del partido instados por las reclamaciones de sus progenitores.
  7. Jugadores de color o extranjeros que reciben insultos racistas por parte de los padres y madres.
  8. Padres corrigiendo a sus propios hijos o increpándoles y pasando evidentemente por encima de la figura de autoridad, en este caso el entrenador (igual que hacen con los profesores).
  9. Padres (que se creen José Mourinho) criticando a sus propios entrenadores o incluso a jugadores de su propio equipo.
  10. Árbitros que se van de las canchas escoltados por la policía.

Esta lista no termina aquí, pero probablemente todos los que habéis presenciado un encuentro en categorías de deporte base podéis suscribirla. Y os digo una cosa: son tan culpables los progenitores que ejercen este tipo de violencia, como los árbitros que no detienen el partido, como la Federación que no da esa orden a los colegiados, como los padres y madres que sin mediar facilitamos el comportamiento de los violentos. 

“son tan culpables los progenitores que ejercen este tipo de violencia (…)  como los padres y madres que sin mediar facilitamos el comportamiento de los violentos”

Lo cierto es que mi hijo mayor ya tuvo que abandonar el baloncesto después de casi  10 años por razones ajenas a su voluntad, pues se encontró con un entrenador extremadamente competitivo e incapaz de dialogar, que sobreponía los resultados competitivos a los valores del deporte, y como prefería ser campeón de la “copa de no sé qué que no tiene trascendencia alguna” a ser buena persona, su madre y yo decidimos que no estaba mal si se centraba en los estudios y se dedicase a algún tipo de actividad física individual, siempre y cuando cuidase su condición física, algo fundamental en el crecimiento personal. 

Pero con el pequeño, ¿qué solución tengo? Si a él lo que más ilusión del mundo le hace es jugar a fútbol. Hay quien me ha sugerido que le apunte a un arte marcial, donde prima el respeto, pero le tiene que gustar a él. Otros me dicen que me tengo que acostumbrar, pero no me da la gana. Sencillamente. 

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Muchos padres presionan a sus hijos para que “triunfen” y los frustran

“Hay quien me ha sugerido que le apunte a un arte marcial (…)  Otros me dicen que me tengo que acostumbrar, pero no me da la gana. Sencillamente” 

Ante ello, y visto que va a ser imposible reeducar o al menos concienciar a toda mi generación de padres y madres, lanzo a las federaciones de deportes de equipo en las que se disputan partidos de categorías inferiores, las siguientes propuestas

  1. Que los partidos de deporte base se disputen sin público al menos hasta cierta edad, y que los papás y mamás, como hacían en nuestros tiempos, se encarguen únicamente de acompañar a los deportistas y de irles a buscar.
  2. Que se haga una verdadera campaña de concienciación contra la violencia física y verbal en las canchas de deporte base, pasando proyecciones con los espectáculos más dantescos y recordando los valores del deporte. 
  3. Que se confiera autoridad al árbitro para detener el partido al más mínimo insulto o protesta de un progenitor, y que en ese caso los dos equipos que disputan el partido dejen de sumar puntos en la clasificación. A veces es complicado saber de quién es el padre, madre, familiar o amigo que increpa. 
  4. Que hasta cierta categoría no cuenten los resultados. Me parece surrealista que niños y niñas de 5 y 6 años acaben los encuentros llorando porque no se han clasificado o porque no van a ganar un campeonato, cuando lo único que importa es que corran y disfruten.
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El racismo, a día de hoy, sigue siendo una lacra

Y sobre todo, para los padres y madres, cambiar de una vez el: “¿Cómo habéis quedado?”; “¿Has jugado bien?”, por el “¿Te lo has pasado bien?”, que es al fin y al cabo lo único que importa. 

“cambiar de una vez el: “¿Cómo habéis quedado?” (…) por el “¿Te lo has pasado bien?”

No voy a cesar en esta lucha hasta que en nuestros deportes base se den las condiciones para que los valores del deporte, los verdaderos, imperen. Espero que me ayudéis a difundirlo. Por mi pequeño, por los vuestros, por las futuras generaciones, para salvar la dignidad de la nuestra. Impidamos que nuestros hij@s normalicen la violencia. 

“Espero que me ayudéis a difundirlo (…) Impidamos que nuestros hij@s normalicen la violencia”

OS DEJO UNOS VÍDEOS PARA QUE VEÁIS QUE NO EXAGERO Y SIGÁIS INDAGANDO: 

BATALLA CAMPAL ENTRE PADRES DE INFANTIL EN MALLORCA: 

DOS PADRES LIÁNDOSE A TORTAZOS: 

ÁRBITRO CANSADO DE AGUANTAR INSULTOS SE ENFRENTA CON EL PÚBLICO:

PADRES Y MADRES “HOOLIGANS” DEL FÚTBOL BASE: 

ALTERCADO ENTRE MADRES: 

AGRESIÓN DE LOS JUGADORES A UN ÁRBITRO: 

BATALLA CAMPAL ENTRE PROGENITORES:

CAMPAÑA CONTRA INSULTOS RACISTAS A JÓVENES DEPORTISTAS: 

NO SÓLO EN EL DEPORTE. AGRESIONES A DOCENTES POR PARTE DE PROGENITORES:

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