¿QUIÉN ES EL PSOE EN LA HISTORIA DE ESPAÑA?

   ¿QUIÉN ES EL PSOE EN LA HISTORIA DE ESPAÑA?

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(Este artículo es un fragmento de HISTORIA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ESPAÑOLES)

El PSOE nació en 1879 como un partido radicalmente progresista, pero entonces no ocupaba el espacio político que ha mantenido en los últimos años, y no le es atribuible. De hecho, el PSOE de Pablo Iglesias en el siglo XIX debería asimilarse a partidos innovadores como Podemos en su momento de nacimiento, en 2014, o a otros partidos minoritarios de izquierdas. Y es que el PSOE que nació para renovar a la izquierda a finales del XIX, podría bien ser el PCE que emergería en 1921 con el mismo objetivo. El PSOE fue una formación secundaria durante medio siglo. No olvidemos que su primer triunfo electoral no llegó hasta 1931, es decir, en la ebullición de la II República, y que el partido se perdió en el olvido durante la dictadura.

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Fundador del PSOE

Desde la Transición, el PSOE ha asumido diferentes papeles, abandonando últimamente su ideología de izquierdas con tal de continuar asentado en el poder. En la actualidad es tan solo una sombra de lo que fue en su fundación y se ha convertido en un servidor de los intereses oligárquicos. Algo que oculta con un  ligero velo progresista a nivel social. El mejor ejemplo de lo que digo es que mientras su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, abordaba reformas jurídicas tan avanzadas como la legalización del matrimonio homosexual, él mismo asumía compromisos conservadores y neoliberales a nivel económico como la modificación del artículo 135 de la Constitución, dando prioridad al pago de la deuda externa sobre la financiación de los servicios sociales.

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Por la misma regla de tres Felipe González es también una sombra del producto que vendió en los años 80, y bien pronto cedió a la soberanía del capital, haciendo campaña por la OTAN primero, y entrando luego en la UE a costa de renunciar a la industria española y de convertir a España en un país dependiente del sector terciario. Su maquiavelismo ha llegado al extremo de ocupar altos cargos en empresas energéticas y de mediar recientemente con dictadores para obtener regalías a su amigo Cebrián, a cambio de que éste le beneficie, entre otras cosas, con sus líneas editoriales.

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El País parece manipular los eventos en el seno del PSOE

Pero es que además el PSOE se ha ido pervirtiendo al son de la corrupción y de su alianza con las elites económicas, que han establecido a la formación en el más áspero neoliberalismo, y que la han hundido en procesos tan vergonzantes como los ERE de Andalucía. Los Guerra y González, líderes en la sombra, y en general el PSOE andaluz, que es quien maneja los hilos de la formación, han hecho a la formación sierva del establishment y la han convertido en un juguete roto para el PP, que representa mejor que nadie ese papel.

Tanto es así, que ya se habla de una pasokización del PSOE, haciendo referencia a su homólogo griego que estuvo al borde de la desaparición frente a una izquierda renovada como la de Syriza, que en España es Podemos.

Es difícil que el partido de González caiga tan bajo en un país en el que está tan enraizado y sostenido por el imperio de Prisa, puesto que Cebrián, su cabecilla, es íntimo del expresidente. Pero está claro que su espacio político está siendo devorado por la izquierda renovada que representa Podemos. A la sazón, para el elector avezado, el voto al PSOE ya no representa nada distinto al voto de derechas, de modo que resulta lógico que si El País no lo remedia la verdadera izquierda termine arrebatándole el espacio político.

Y es que, desde mi punto de vista, el partido de González ha mostrado ya su verdadero talante en 2016, facilitando un gobierno de derechas cuya oposición real es Podemos.

Los objetivos políticos de la formación actual son estos:

  • Preservar la unidad de España tratando de imponerse a la multiculturalitad. Lo hemos visto recientemente con la degradación del PSC dentro del propio partido. En este sentido, el PSOE, cerciorado del rédito que esta estrategia le genera al PP, ha decidido copiarla, llegando a utilizar incluso las mismas coletillas o etiquetas que la derecha utiliza contra partidos de carácter más federalista. Es más, el talante federalista (aunque nunca llegó a explicar su España federal) de Pedro Sánchez ha sido aniquilado por la centralidad de Susana Díaz.
  • Mantener el statu quo sin perjudicar a las elites económicas. Los casos de Felipe González o Elena Salgado ocupando cargos importantes en consejos de administración de empresas del IBEX 35 son el más claro ejemplo de ello.

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  • Protección mutua con respecto a la monarquía. Los socialistas eran juancarlistas y ahora felipistas. Muy lejos queda el espíritu profundamente republicano con el que nació la formación. Queda claro que aquel espíritu se moderó y ahora se halla fuertemente acomodado.
  • Mantenimiento de una ideología más o menos progresista en lo social. Es el único vestigio de progresismo que sostiene el partido cerca de la izquierda, a través de un discurso libertario y aperturista al progreso social que luego no se corresponde con sus políticas económicas. Salvo casos excepcionales, como el cheque bebé de Zapatero.
  • Conservación de la situación aconfesional del país. Aunque siempre viene en su programa electoral, a la hora de la verdad los socialistas saben que este es un país católico y que no conviene enturbiar demasiado los ánimos. De manera que con el PSOE la preeminencia de la Iglesia católica está asegurada.

El espacio del PSOE, fundado en la perseverancia de los intereses económicos con el adorno del liberalismo social no es nuevo en la Historia de España, y desde la Guerra de Independencia muchos han sido los grupos que han subsistido en estas bases:

  • Durante la Guerra de Independencia habrían sido los liberales moderados, partidarios de la renovación ideológica del país, pero sin renunciar, como el conde de Aranda o Gaspar Melchor de Jovellanos, a una monarquía parlamentaria, aunque ésta albergase sus raíces en el absolutismo (lo mismo que la monarquía actual en el fascismo). Apostarían, pues, por un cambio más visual que tangible.
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Retrato de Jovellanos
  • Los liberales exaltados con Fernando VII, o al menos el grupo menos “exaltado” dentro de la formación, que se decantaba por la constitución del 12 pero sin excesos, e incluso aceptaba al rey dentro de la constitucionalidad.
  • El Partido Progresista de época isabelina. Su sector más moderado, que se mantuvo en el gobierno en connivencia con la monarquía, y que a pesar de su denominación no llevó a cabo reformas transformadoras en el funcionamiento del Estado.
  • Los Republicanos Radicales en la I República. Es decir, el sector republicano (cosa que ahora no es), partidario de mantener la centralidad frente a los federales, que ya comenzaban a observar el problema de la plurinacionalidad histórica del Estado español.
  • El Partido Liberal durante la Restauración. El más equivalente con el PSOE de los últimos años: corrupto y caciquista. De buen vivir gracias al turnismo con el Partido Conservador. Un Partido Liberal, el del reinado de Alfonso XII, demasiado moderado como para situarse a la izquierda del tablero político.
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Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal
  • El PSOE en la II República. No le negaremos el privilegio de ser en algún momento el mismo partido, aunque hay que decir que en los años 30 el PSOE era una formación verdaderamente republicana y de izquierdas, probablemente más similar a Podemos o Izquierda Unida.
  • El PSOE, en el amanecer del felipismo, que suponía una profunda renovación frente a los años de la dictadura. Y Podemos, puesto que la formación morada está asumiendo el papel de principal oposición a la derecha. De consolidarse este hecho, y si no lo remedian los medios de Prisa, el partido de Pablo Iglesias lo despojará de este espacio político convirtiendo al PSOE en un partido secundario. Y Podemos, de ser así, asumirá con el tiempo un talante más conservador, como ha sucedido siempre con los partidos gubernamentales. Otro “Podemos” habrá brotar entonces del futuro Podemos para renovar la izquierda…
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En los 80 el PSOE se definía como “el cambio”
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