Artículo de opinión:

 CAMINO A LA SERVIDRUMBRE

Los grandes centros comerciales andan reproduciéndose vertiginosamente. Su edificación no solamente comporta suculentas sumas a los especuladores inmobiliarios, entre los que se cuentan nuestros magistrados públicos. Además está barriendo del mapa a los comercios tradicionales y familiares, que se ven incapaces de competir contra precios abusivamente baratos y espacios dotados de parking gratuito, cines, baños públicos, guarderías, etc.

Las masas populares acuden raudas a las inauguraciones de estos centros tal y como lo habrían hecho nuestros antepasados romanos a la abertura de un anfiteatro. Lo que ignoran, tal como ignoraban los ancestros, es que en su fundación radica la consolidación de la servidumbre moderna: el precariado, que diría Guy Standing. La población no entiende que consumiendo estos productos no hace sino enriquecer a los oligarcas y empobrecerse a sí misma, al humilde tendero que carga con sus impuestos en nuestro país, paga su cuota de autónomo, y si es artesano, adquiere la materia prima de la tierra.

“La población no entiende que consumiendo estos productos no hace sino enriquecer a los oligarcas y empobrecerse a sí misma”

Así es que el ahorro a corto plazo es a la larga miseria. En este contexto no es difícil adivinar que los negocios tradicionales, unifamiliares y autónomos acabarán claudicando tarde o temprano ante la expansión de las franquicias y de los grandes comercios cuyos beneficios recaen mayoritariamente sobre sus patrones capitalistas, que se adueñan de la fuerza de trabajo al estar en posesión de los medios de producción. Es el “abc” de la denuncia que hace el marxismo tradicional, que en nuestros días puede observarse de forma exponencial sobre una población absurdamente (puesto que está más “informada” que nunca) alienada. Más alienada de lo que estuvo jamás.

La expiración de la pequeña y mediana empresa es ya un hecho, y me atrevería a decir que imparable. Lógicamente, la masa de trabajadores que se ve desalojada de su medio de producción tiende necesariamente a entregar su fuerza de trabajo, y con ello (y las reformas laborales neoliberales que hemos vivido en los últimos tiempos), también parte de sus derechos y libertades. De manera que lo que nos queda es una sociedad que trabaja casi por entero para unas mismas macroempresas (Mercadona, Primark, Carrefour, Inditex, etc) con sueldos que apenas dan para llegar a fin de mes, pero sueldos suficientes para que esos asalariados consuman sus pocos beneficios en esos mismos comercios para los que trabajan.

“La expiración de la pequeña y mediana empresa es ya un hecho, y me atrevería a decir que imparable”

Nos hemos convertido, irremediablemente, en siervos de nuestros señores feudales. Otrora los llamábamos Duque de Alba o Marqués de Villaécija. Hoy son Amancio Ortega o Juan Rossell. Nada ha cambiado, pues, sino en la forma.

Y es que si se presenta nublado nuestro futuro, imaginaos cómo es el presente del menor que trabaja en el país de origen del producto confeccionado, que a nosotros nos venden por 2 euros (así es, ya se venden camisetas por 2 euros). Esclavitud infantil, privación de libertades básicas, abusos por parte de los patronos que a la hora de investigar se traducen en una larga cadena de intermediarios que desembocan en el oligarca que se desentiende del asunto y que cuenta con la complicidad del poder político corrupto. Si no me creéis podéis mirar este documental sobre la esclavitud infantil en los países de origen, o el Salvados que grabó Jordi Évole sobre la industria textil.

“imaginaos cómo es el presente del menor que trabaja en el país de origen del producto confeccionado, que a nosotros nos venden por 2 euros”

Con todo, no podemos decir que no seamos culpables de los males que nos sobrevienen, o al menos que no hayamos preferido estar alienados con nuestro panem et circenses mientras los magnates deciden acopiar la plusvalía en un ejercicio que sigue y sigue aumentando la desigualdad social y económica. Lo somos, al menos quienes lo habéis hecho, al permitir que el miedo al cambio aliente nuestra alienación frente a la continuidad de unos partidos corruptos y vasallos del capital.

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